
Hoy una voz en mi cabeza me enseñó algo productivo.
Mientras estaba de regreso a casa, en el bus subió un grupo de tres personas, en realidad era un pequeño conjunto musical, tocaron canciones andinas muy lindas y se llenaron el bolsillo de dinero -incluso yo les dí de mi plata- este trío solo tocó y canto pero no vendió nada... solo se valieron del talento musical que tenían.
Segundos después de despedirse el grupo y bajar del micro subió un dúo de músicos, pero esta vez las canciones eran repetidas y el publico se reía de ellos, además no cantaron sólo tocaron aquellos temas que ya habíamos escuchado... pero esta vez nos vendieron frunas y también contribuí con su arte comprando frunas.
El rato que este par de músicos ambulantes bajaron del carro subió un niño... ahí fue donde esa voz me hablo... el niño tendría unos 10 años y quien sabe cuantos de esos las pasó trabajando, no cantó nada y no tocó ningún instrumento; su público no le prestó atención pero él seguía vendiendo... aquel niño vendía galletas, eran más ricas que las frunas pero subió tarde al carro... y sólo le dí 40 céntimos sin pedirle ninguna galleta, me sentí mal porque este niño vendía su producto con miedo, el miedo se sentía en su mirada pues brillaba como si quisiera llorar... aparte de eso él tenía un ojo morado a causa de un golpe que alguien le pegó por no vender nada o por estar jugando mientras debía vender aquellas galletas que nadie le compraba y que tal vez lo golpeen de nuevo porque en ese carro solo consiguió 40 céntimos y no vendió nada.
Esa voz comparó la situación económica de los tres únicos ambulantes que subieron a ese carro, si, sólo tres ambulantes subieron consecutivamente... me preguntó qué habría pasado si el niño subía primero y ese pequeño conjunto musical último. Me preguntó que fue lo que aprendí al ver los ojos de aquellas personas que subieron al carro para ganar dinero: Pues de aquel pequeño conjunto musical vi en sus ojos ambición pues aquella cartera de lana estaba llena de dinero y pesaba mucho; de aquel dúo solo vi rutina pues no cantaban pero si sabían vender; en el niño vi dolor y mucho miedo.
Ahora me preguntó: Quién crees que se merecía ganar más esa tarde?... yo no pude contestar, pues la respuesta era muy lógica y no me di cuenta a tiempo, en realidad no sabía que iba a pasar pero sabía cuales eran las intenciones de los vendedores pues lo había visto en sus ojos y aún así dejé que golpeen de nuevo a aquel niño...
Que cruda realidad... me siento un inútil... pero dejé que el mundo me cambie y ahora me toca cambiar eso que vi hoy!
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