Estaba cansado de vivir tanto sin tener a alguien a mi lado, ya no podía soportar el dolor de mi corazón y de mi fiel soledad rodeada de papeles polvorientos y tela de araña pidiendo que alguien pase por ella para dejarme solo como todos lo habían echo hace mucho tiempo. La gente me miraba con desprecio y algunos me escupían en la cara por pensar que estaba loco.
Hijito no te acerques a ese señor que te puede pasar sus piojos, que miedo ese loco, por qué no te vas de esta calle viejo loco, oiga señor está arrestado por vagancia y por armar desorden en la ciudad; siempre me decían lo mismo todas esas personas bien vestidas y con la mirada perdida para no verme porque les daba asco, porque era loco y estaba viejo. Quién necesitaba a un viejo acabado en este nuevo mundo, después de todo lo que pasó en la tierra nadie quería estar viviendo con alguien que hacia cosas extrañas como usar el papel periódico para abrigarse, o pelear con los perros en el tacho de basura para buscar algo de comida. Un perro, parecía, un perro viejo y destinado para alimentar a los gusanos... como si eso fuera mi verdadera función, estar destinado a ser comido y aprovechado por otros, a ser abusado y olvidado, no puedo soportar más. Todos los días era lo mismo, el maltrato del clasismo en las mañanas, las peleas callejeras con los perros en las tardes y dormir con ellos en las noches.
Un día había encontrado una casa tan vieja como yo, sucia y llena de polvo por todas partes como yo, dejando vivir a los perros en las noches como yo; había un piano malogrado, cuadros de una familia que seguramente dejó todo en esta casa o con los crímenes que en estos tiempos existían habían sido acecinados. En una de las fotos estaba una pareja de esposos con su hijita y un perro grande y amarillo echados en el pasto de una tarde de domingo perfecta para hacer un campamento en algún lugar de la sierra primaveral. Seguía buscando cosas y después de dar toda una vuelta por toda la casa, encontré un balcón para poder ver la puesta del sol, traje una vieja silla mecedora y la acomodé perfectamente a una esquina de aquel balcón, me senté y los perros hambrientos que me seguían después de un rato de tanto mirarme esperando algún bocado, como lo hacían sus viejos amos, decidieron dejarme solo.
Fueron 3 días sin moverme de aquel lugar, ya que había algo que me retenía para seguir ahí. El Sol se hacía más hermoso cada día, la luna era cada vez más aterradora y terminaba llorando y soltando las pocas lágrimas que me quedaban, el estómago me dolía mucho por la gastritis que tenía, mis dedos estaban fríos y a pesar de tener una herida en la espalda muy infectada no podía morir, no querían que me vaya al otro mundo.
Me acordaba de mi alocada juventud donde paraba con mis amigos y siempre detrás de aquella Flor, me acordaba de las cosas que escribía para ella, me acordé las reuniones que tenía, de las discusiones de mi familia porque nunca fui sincero con ellos y nunca llegaron a conocerme cómo en realidad era. Cuando nunca terminé mi universidad y me dediqué a encerrarme en mi cuarto y escribir y seguir escribiendo hasta conseguir complacerme con lo que había creado, no me había dado ni cuenta de quienes se habían ido, estaba suspendido en la nada, mecanizado; pensé que había pasado una noche, pero en realidad era 5 años de encierro total.
Lloré al ver la tumba de mis seres queridos, entre ellos habían algunos amigos y amigas (era muy raro, en 5 años habían muerto demasiados), también lloré porque se había casado la chica con la que siempre quise estar; tantas cosas pasaron que quería matarme, fumaba y tomaba todos los días queriendo escapar de esta realidad; ya no tenía a nadie.
En los momentos de desilusión siempre se aparecía la luz de la salvación, y fue esta mi luz aquel personaje que años después se haría famoso gracias a mi; habían encontrado mis escritos en internet y quería que los terminara de escribir para publicarlos en algún libro. Tenía dinero, mujeres, éxito y un programa de televisión donde podía hacer mis documentales sobre realidad; me conocía todo el mundo y habían muchos que se llamaban ser mis mejores amigos; pero nunca encontraba amor a pesar de tener una familia con hijos ilegítimos
...pero llegué a ser traicionado, aquella persona que me rescató del vicio terminó apoderándose de todo y dejándome sin nada, y así como todo se elevó de golpe, bajó al suelo con mucha fuerza; me quitaron la casa en la playa, mi familia era falsa y terminaron dejándome solo... fue así que comencé a vivir en las calles, pero no sabía cuantos años habían pasado, cuantas noches había sigo golpeado por ladrones o policías queriendo desquitarse el mal día con migo, y yo siempre aceptaba por un par de monedas para comer pan en las mañanas. Ya no tenía fuerzas y mis músculos me dolían demasiado, las manos no podía moverlas como una persona normal y tenía una pierna rota a causa de mi desdichado negocio para vivir.
Cuando encontraba papeles los guardaba hasta conseguir un carbón para escribir o dibujar lo que sentía, y siempre los guardaba en una bolsa que obligadamente tenia que vaciarla para llenar con otras ya que no tenía dónde guardar mis apuntes y garabatos. Los perros siempre me seguían porque sabían que encontrarían comida con migo, no me sentía solo como otras noches terroríficas.
Pero ahora me encuentro aquí, balanceándome en esta silla todas las tardes y llorando en las noches; un pequeño esfuerzo hizo que me levantara de la ruidosa silla y caminara al baño de aquella casa vieja, en el baño encontré el cuerpo agusanado de aquel perro amarillo en esa foto familiar, vomité al verlo y por respeto a esos animales lo metí en una bolsa y en el patio lo enterré. Regresando al baño me miré al espejo con tanto asombro, tenía un cabellos largo y cochino, la barba era canosa y mi rostro estaba lleno de arrugas, quitándome el abrigo apolillado y el polo lleno de huecos encontré un cuerpo destrozado y caído, mis manos era arrugadas y muy ásperas; la herida en mi espalda había terminado pudriéndose e infectando toda esa área.
Como lloré esa tarde, después de mucho tiempo de vida había terminado solo, confundido y maltratado, mis huesos me dolían y quería descansar y con las pocas lágrimas que salían de mis caídos ojos bañé mi ropa, agarré una esponja y con el agua que había en esa casa me bañé, sentado ya en mi silla espero que oscureciera, era un anochecer muy hermoso, el cielo se puso rojo y la Venus comenzaba a iluminar del otro lado del cuarto para saludar a la tenebrosa luna que se apiadó de mi y dejó que durmiera después de mucho tiempo aquella noche donde sólo Venus y la luna eran testigos de ello.
Mis únicas acompañantes fueron ellas, en la madrugada abrí mis ojos para ver lo único que quería ver después de tanto tiempo de soledad y era el amor convertido en mujer que soltaba la mirada más dulce que una diosa pudiera ver, era un jardín con la flor más bella, y me extendió la mano para seguir adelante, por fin podía irme, ya había dejado de ser rechazado por todos incluyendo la muerte, y mi nueva etapa recién comenzaba para seguir amando lo que quise amar y nunca pude llegar... abrí los ojos y era mi madre gritándome de nuevo por ser un dormilón.
...no lo soñé, lo viví mientras lo escribía. Saludos...
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